
Que día tan emocional.
Rodeada de todas las mamás de la escuela, en esta iglesia con bancas aglomeradas. Todas reunidas para la ceremonia en honor a nosotras, las mamás. Sonriendo, viendo a nuestros hijos, felicitaciones cordiales entre todas, algunas con ojos vidriosos y otras más tranquilas.
No te será novedad que yo soy una de los ojos vidriosos.
Y ¿cómo no? si esta experiencia de ser mamá y compartirlo en comunidad, es algo que se carga en el corazón, en la piel, en el cuerpo entero.
Aquí estamos todas.
De lejos veo a mi hijo, mi niño. Le busco la mirada pero estamos a varias bancas atrás, entre tanta gente seguro no me ve. Sonrío de todas formas, ahí está.
«Gracias a él, yo puedo celebrar éste día.» pensé.
Como si hubiera provocado una tormenta en mi mente, ése pensamiento atrajo un chubasco de realizaciones y dudas.
«Gracias Diosito, por permitirme festejar éste día… » Una gota
“¿Gracias?” Dos gotas
“De verdad te estoy diciendo ¿gracias?” Tres gotas
¿Gracias de que te llevaste a mis otros 3 hijos? ¿Por qué no los dejaste aquí, conmigo? ¿Por qué no los dejaste nacer? Podrían estar cantándome en éste momento, aquí en esta iglesia. ¿Por qué te los llevaste a semanas de engendrarse en mi vientre? Nunca podré verlos delante de mí, ni los escucharé decir “¡Felicidades Mamá!”, Me los quitaste, me quitaste una parte de mí.
Tormenta . Gotas y gotas cayendo con fuerza, pesadas, espesas. Todas inhundando mi mente, mi corazón, me estoy ahogando.
Ya llena de agua por dentro, faltándome el aire, es cuando suelto. Suelto las lágrimas y me empapo la cara, las mejillas, el cuello.
Respira. No te ahogues.
Respira.
Comienzo mi mantra.
“Sé que cumplí mi rol como mamá con todos, los abracé y los nutrí por dentro, los guíe a la luz cuando estuve lista, los solté.”
Respira.
“Los tres siguen su camino, su alma estará siempre conectada a la mía, soy su mamá.”
Respira.
El amor de mamá jamás podrá ser descrito, por más que indagues y preguntes y cuestiones, jamás podrás acercarte a expresar con palabras lo que significa. ¿Cómo comienzas a explicar el milagro de la maternidad? ¿Cómo explicas que tu bebé, por siempre e independientemente del ambiente que los rodea, estarás conectada a él? No importa si está físicamente contigo, o si está en otro lugar. No importa si su alma trasciende y tú no. No importa si tu bebé crece y se va de tu casa, no importa si tu bebé comienza su vida y no te necesita. No importa nada de eso. Por que ser mamá es quererlo más que a nada que hayas amado antes, es estar siempre que quiera estirar su mano para buscarte y es alejarte cuando lo necesita para crecer.
Ser mamá es intentar darle lo mejor de ti. Siempre, sin descanso. Y no por que te lo pida, si no por que tú instintivamente, naturalmente, maternalmente se lo das.
Que agridulce sentimiento de saber que mi mejor labor como madre es ayudarlos a alejarse de mí, verlos crecer y verlos partir para que sigan su vida.
Que dulce es tenerlos y que agrio es dejarlos ir.
Soy afortunada de poderlo vivir.
Respira.
«Gracias Diosito, no me sueltes.»





Deja un comentario