
Mi niño, un bebé que llegó «como Dios manda»
Relajados, enamorados, tranquilos, sanos. Así fue como llegaste mi niño. Sin ningún plan extra, más que el de disfrutar nuestra compañía tu papá y yo, el de vivirnos juntos y ser felices un día a la vez.
Eres la joya de nuestro matrimonio. Y sin duda, lo más fascinante de mi vida en este mundo.
Esta etapa de maternidad, ha superado cualquier sueño e ideal que hubiera tenido antes. El amor que te tengo multiplica al mil lo que siento por tu papá, lo que vivo cada día, lo que veo, siento, oigo, digo. El simple (o no tan simple) hecho de que existas aquí, conmigo, eleva cualquier actividad que realizo. Y eso es algo de lo que siempre estaré agradecida de tener, de vivir, de sentir.
¿Cómo no podría desear repetirlo?
Otro embarazo, otro bebé, otra alma, aquí, conmigo y contigo, con nosotros.
Darle todo este amor que aún tengo a otro bebé, otra alma. Pero, ¿cuál es el costo de intentarlo nuevamente?
El costo es alto, tantas monedas al aire, cada una más pesada que la otra.
Ansiedad, abortos, muerte fetal, hemorragias, histerectomía, muerte.
Riesgos y más riesgos.
Y con todo esto en el corazón, deteniendo el pálpito que me provocó el pensar en un nuevo bebé, me detengo, el silencio llega de golpe a mi cabeza…
¿Acaso no soy feliz así? ¿Una familia de tres no me basta?
Culpa.
Y dudas.
Así comienza este torbellino a sacudirme, a llevarme con fuerza de un lado a otro, sí, no, no sé. Comienzan a jalarme dos largas y apretadas cuerdas de los brazos, tensas, cada una con su propia fuerza y dirección, contrarias; sí, no, blanco, negro… decide.
¿Y qué tal si hay otro aborto?
¿Y si no sobrevivo?
Pero, ¿y si sí lo logramos?
¿Y si es un bebé sano y muy amado?
¿Y si todo sale bien?
Pero, ¿Recuerdas lo que pasaste ya Rocío?
¿Cada ciclo esperando a ver si sangrabas o no?
¿Estás lista para otro round?
Silencio en mi cabeza.
Realización.
¡Soy feliz! Ahora, en este momento, y seré feliz aunque no me embarace de nuevo, aunque no haya otro bebé, otra alma aquí, conmigo, con nosotros. Mi felicidad no está en la cantidad de bebés, ni en todo el amor que puedo dar a alguien que aún no existe, mi felicidad está en el amor a mis hijos, a mi niño, ¡AL QUE ESTÁ AQUÍ, CHINGADO!
Carajo Rocío.
¿Cómo te puedes perder en el «mañana» si tu «hoy» es más de lo que siempre imaginaste?
Desenrédate las cuerdas, déjalas caer, que se las coma el suelo. Que no te aprieten más Rocío, que te estás perdiendo de lo bonito, ¡mira a Leo! ¡mira a tu esposo! Ellos, ellos son y existen aquí. Son tuyos, hoy.
Mi niño, mi amor, aquí estoy. ¿Qué quieren hacer hoy?






Deja un comentario