Estoy nervioso. Todo el camino en carretera me han estado llegando señales de todo el cuerpo que me impiden bajar la velocidad de mis latidos, sí estoy nervioso; no sé qué me encontraré cuando lleguemos a verlo. Siempre he sido muy optimista, soy fácil de ilusionar. Pero eso no es nuevo, al final de cuentas ése es el trabajo de cualquier corazón, ¿no? Ver el lado bueno, el lado inocente, el lado cálido de todo lo que el cuerpo que habitamos recibe en el exterior.
Yo le pertenezco a una mujer, somos jóvenes aún. Hace 23 años di mi primer latido en aquel pequeño cuerpo en construcción. Ella al igual que yo, siempre ve y persigue ése lado bueno de todo, busca lo dulce de las cosas que ve y experimenta, por eso nos llevamos tan bien, yo y ella; ella y yo, su corazón.
Últimamente nos hemos sentido invencibles, poderosos, libres. ¿Cuál es la razón? Un hombre, ésa es la razón. Desde que lo conoció me di cuenta que había algo muy especial ahí, tenemos ya semanas que no he parado de sentir la emoción de la mujer que habito. Sus pensamientos me han llegado más intensamente que de costumbre, como si el cerebro se le hubiera relajado y me bombardeara sin filtros; me he llegado a aturdir con lo mucho que la atrae, lo inteligente que es él, lo tranquila y acelerada que la hace sentir; todo me sabe demasiado. Sus pensamientos cero masticados por dudas, temores o recelos, me han llenado y me sacian tanto por dentro que lo único que he logrado hacer es latir más rápido, y disfrutarlo junto con ella.
Pero hoy ha cambiado, todo se ha potenciado. Hoy estoy seguro que vamos hacia un punto decisivo, han quedado de verse nuevamente pero unos días antes se han confesado que al parecer nosotros, sus corazones, estamos latiendo al mismo ton y son. ¡Que maravilla! Demasiado bueno para ser verdad.
Llevamos una hora y media en carretera, sentados en el asiento trasero del vehículo que nos lleva hacia él, todo el camino hemos intentando no sudar demasiado por la emoción del encuentro. Cuando lleguemos, nos dejarán justo en la entrada de un parque nacional donde acordaron verse para festejar el cumpleaños de él, el parque ya lo hemos visitado anteriormente; pero esta vez estoy sintiendo el vértigo en todo el cuerpo, esta vez es distinto. Ya sé que debería apaciguarla, pero la verdad me he vuelto adicto a sentir todas estas mariposas descontroladas volando por dentro, y creo que ella también. Habíamos olvidado lo que era sentirse enamorado.
Creo que ya llegamos ¿Lo sientes? Estoy aturdido de tanta sangre bombeando en mí, pero no debo desconcentrarme, hay que llevar la energía a las manos para que se muevan, ignoren el temblor compañeras, hay que bajar del carro.
Abrimos la puerta.
Ahora ustedes piernas, caminen, muévanse o floten si quieren, pero lleguen a él; necesito escuchar el aturdimiento del otro corazón, escuchar que verdaderamente vamos al mismo ritmo, latiendo, enloquecidos, juntos.
Estamos caminando, moviéndonos, eso es; la entrada está cerca, hay que seguir caminando, bombeando sin tregua. No te aturdas ahora mujer, yo estoy haciendo todo el esfuerzo, aguanta conmigo. ¿Está cerca verdad?
Pum, pum. Pum, pum.
Debemos correr piernas, correr y abrazarlo, olerlo, apretarlo.
Pum, pum. Pum, pum, pum, pum, pum, pum.
¡Ya está aquí! ¡Te escucho! Claro que te escucho corazón, al otro lado del cuerpo, ¿sientes nuestro ritmo? latimos al unísono, dos corazones en distintos cuerpos latiendo con intensidad, ¿lo sientes? En el fondo la vida se está coloreando frente a nosotros, tomando un tono rojo o rosado tal vez, ¿lo percibes? estamos enamorados corazón, genuinamente enamorados y aturdidos.





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