Fue tu cumpleaños y no puedo explicar lo rápido que he sentido los días pasar. No sé si lo notaste, pero dos semanas antes de tu festejo había demasiados pendientes por sortear: mudanzas, eventos, disfraces, organización, llevar, traer, abrir, colgar, limpiar. Todo se debía de hacer, todo tenía un reloj, todo necesitaba tiempo.

Llegó el día de tu festejo e inmediatamente sentí un alivio. Era el cierre perfecto a tanto ajetreo familiar y verte emocionado por tus nuevos tres años, con ojos maravillados por escuchar todo lo que haríamos en tu día me daban ganas de llorar de pura felicidad, quería meterme en tu cabecita sólo un momento para maravillarme de la forma que lo hacías tú.

Ese día saliste de tu cuarto, como el niño grande que ya dices que eres, te alcancé en el pasillo con el altavoz del celular en la mano escuchando a papá cantar las mañanitas junto conmigo. Caminaste despacio en cuanto nos escuchaste, tenías una ligera mueca sonriente y los ojos que aún con lagañas volteaban a verme para una vez más verlos maravillarse con el canto emocionado de las mañanitas de tus papás.

Mi niño, tu primer abrazo de cumpleaños te lo daban mis brazos y ahí sentí la magia que siempre te ha rodeado, la magia que me hace ver el presente de otra forma, que me aterriza a lo que estoy presenciando en vez de ser un simple canal hacia el futuro con tareas por hacer. La magia de que existas en este momento, de que seas mi hijo, de que estemos juntos, de que cumplas años.

Pasó la mañana y en cuanto te dejé en la escuela volví a las andadas de sacar mi lista de pendientes del celular, ir por el pastel, comprar hielos, ir por sillas, adornar con todos los chunches que me encontré de Paw patrol, pedir la comida, arreglarme. Que rápido se fueron las horas y que bueno que fue así, porque estaba ansiosa por volver al hechizo de tu presencia.

Tu emoción se concentró en un «wow» cuando viste todo adornado con los colores e imágenes de los cachorros de caricatura. Me pediste cambiarte el uniforme rápido, querías estar listo vestido del famoso «Chase» sentado a la mesa esperando con impaciencia y asombro a tu familia.

Toda la tarde nos dedicamos a festejar contigo, con todos, entre juguetes nuevos, música infantil, pizza y dulces de piñata. Llegando el momento de tu pastel, mientras entonábamos las mañanitas a 13 voces, me di cuenta que era momento de que pidieras un deseo, pero recordé que no te había explicado lo que significaba eso a tus inocentes tres años; así que me tomé la libertad de pedir un deseo por ti.

Deseo que puedas ver la magia que hay en tu sencilla y compleja existencia. Deseo que te percates de lo hermoso que es tenerte en este mundo y que sigas cada día maravillándote de tu alrededor. Deseo que te sientas amado, todos los días.

Resistí las ganas de llorar al partir tu pastel, aún a mis 32 años me siento incómoda llorando en público, porque una vez que empiezo es muy difícil parar, y nadie quiere una mamá llorando sobre el pastel que está repartiendo ¿verdad?

El ruido de la fiesta se fue acallando, se repartió la pizza, el pastel y los dulces, fuimos dejando limpia la mesa y el suelo de envolturas, pasto y rastros de la increíble patrulla de cachorros. Jugamos otro rato con tus nuevas adquisiciones, cantamos algunas canciones más y sin notarlo, unos momentos después ya estabas bañado y empijamado en tu cama, listo para dormir y terminar el día de tu cumpleaños.

Ya en la quietud de tu cuarto, con luces apagadas, la leche tibia en tu boca y mi brazo rodeándote el cuerpo sobre tu cama de excavadoras, te susurré el último «feliz cumpleaños» del día. Sentí la fortuna en mi corazón de poder ser la que cerrara el día contigo así, acurrucados en tu cama; te dije al oído también lo mucho que te agradecía por decidir estar aquí conmigo. Te dije que te amaba más allá de lo que pudieras imaginar. Y tú, ya con los ojos entrecerrados y aún con el biberón en la boca, murmuraste «¿más allá de las excavadoras mamá?» sonreí en silencio y te contesté «sí mi niño, más allá de las excavadoras».

No sé si recuerdes este cumpleaños cuando crezcas y tampoco sé si te sigan gustando tanto las excavadoras o los Paw Patrol como ahora, pero quiero que sepas que sea lo que sea que te imagines, yo siempre te amo más que eso.

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