El día del niño no debe pasar desapercibido, no me atrevería a hacer tal cosa y como ya se me ha hecho costumbre, necesitaba escribir aunque fuera más tarde, pero seguro. Desde que soy mamá me encanta celebrar la niñez de mi hijo en este día, pero esta vez, quiero celebrar también a mi niña interior; al menos eso es lo que se recomendó en las redes sociales. 

Según los psicólogos, todos los adultos llevamos dentro esta memoria de los primeros 10 años de nuestra infancia almacenada tanto en la mente, como en el cuerpo, la denominan “niño interior”, que nos obliga a ver con esa lente teñida de experiencias infantiles lo que nos suceda después en nuestro caminar adulto. 

Si me preguntas ahora, 10 años me suenan a mucho tiempo, pero de pequeña me sonaban a una eternidad. Una niña de ojitos rasgados, pecas en la cara y muy ocurrente que anhelaba crecer, probablemente porque le tocó muchas veces ser “la más chica”. La más chica del salón, la más chica de las primas, la más chica de sus amigas, la más chica de las hijas, la más chica.

Y si me pongo a pensar, la verdad es que a los 10 años no era ni muy niña, ni muy adolescente; era una mezcla amorfa entre ambas, un debate viviente que cambiaba de opinión de la noche a la mañana, donde despertaba queriendo ver “los padrinos mágicos”, pero me iba a dormir pensando en el día que tuviera novio… al menos en mi caso así era.

La niña, no tan niña a su parecer; que escribía poemas de amor y quería verse como su hermana mayor, pero también quería jugar con las barbies y hacer túneles con sábanas y almohadas. Esa era yo a los 10 años, y esa es la versión de niña que me viene a la mente cuando mencionan el “niño interior” y me hace sonreír automáticamente. ¿Cómo no lo haría? Si esa niña siente mucho, se ríe con palabras que sólo a ella le hacen gracia, tiene una ingenio un poco dramático para modificar los cuentos de Disney en historias un tantito más interesantes, o angustiosos, dependiendo a quién le preguntes.  

Esa versión mía definitivamente es de mis favoritas, pero ¿A ella le caería bien yo?¿Se sentiría orgullosa de lo que somos hoy? ¿Aprobaría en lo que nos he transformado o me reprocharía no haber cumplido algo que para ella era un absoluto requisito? 

– Vamos a lo importante … ¿Tenemos novio?

– ¡Mejor! Tenemos un novio, un esposo y un amigo, afortunadamente es la misma persona.

– Y ¿es guapo?

– Mucho.

– ¿Ya le diste un beso?

– Uff sí, varios, todos los días.

– Entonces sí tenemos hijos, ¿verdad?

– Sí, un niño… el mejor, tiene mucho de nosotras y de su papá. Es muy inteligente y risueño, te caerá bien.

– Mmm…¿Nos queda la ropa de Gaby?

– Muchas cosas sí, algunas no, pero nos prestamos todo, como siempre.

– Y ¿Somos veterinarias?

– No, estudiamos otra cosa; descubrimos que nos da un poco de pánico la sangre.

– Mmm… bueno, ¿Seguimos escribiendo?

– Lo dejamos un tiempo en pausa, pero ya hemos retomado… y ¿qué crees?

– ¡¿Qué?!

– Nos hemos vuelto mejores cada vez, ¿sabes por qué?

– ¿Por qué?

– Porque somos muy sensibles, escribir se vuelve fácil cuando lo haces con cualquier emoción que te dejes sentir. 

– … Entonces ¿es bueno ser llorona? – Se le rozan los ojos. 

– Sí, y seguimos siendo lloronas, pero eso es un lujo, no todos saben o quieren hacerlo. 

– Ok, te creo un poquito.

– Oye Chío, quiero decirte algo más…

– ¿Qué?

– Sé que siempre quieres ser la mejor y que todo te salga perfecto a la primera, pero cuando no lo logres o te sientas menos porque algo no salió como esperabas, recuerda que todo pasa, que sin ti, yo no podría haber crecido hasta aquí, que esos momentos que consideras ‘fracasos’ son una piecita más para crecer tu cerebro y tu corazón. 

– …Entonces ¿lo estamos haciendo bien? 

– Mejor… estamos disfrutando.

El psicoterapeuta Jordi Gil Martín propone hacer un trabajo de introspección contínuo, donde te imagines hablando y conteniendo a tu niño interior para así sanar heridas que tengas y poder vivir una adultez sana… creo que tiene razón. Muchas veces, la rutina me devora entre días y cuando llega un momento en que veo mi vida con un lente muy abierto, me llega este impulso por recordar ¿cómo es que llegué a este punto? Ya sea algo lindo, frustrante, terrorífico o feliz, esos momentos son los únicos donde llego a pensar en el pasar de mis años y fugazmente me topo con estas niñas, versiones mías que me hacen sentir orgullosa de ellas, de lo bien que lo han hecho, de lo mucho que las amo y de lo poco reconocidas que las tengo. 

La niñez abarca de los 5 a los 12 años del ser humano, en este lapso vamos a encontrar esas versiones nuestras que vienen cargadas de millones de experiencias, buenas, malas, lindas, nefastas, felices o tristes, me suena absurdo que sólo las recuerde cuando algún momento me sacude el corazón, ¿cómo es posible que no las recuerde todos los días? Si gracias a ellas es que hoy yo estoy aquí, disfrutando una versión que las lleva a todas muy dentro, marcándome el paso, picándome las costillas cuando ven algo que no estoy haciendo lo suficientemente bien, que me hacen cosquillas cuando alguien menciona las palabras que nos causaban gracia, que me hacen querer seguir siendo ocurrente y poquito dramática. 

El día del niño no debe pasar desapercibido, no me atrevería a hacer tal cosa, y menos ahora que sé que todas ellas están conmigo esperando celebrarlas.

Conecta conmigo en

Deja un comentario

Si te gusta leer para sentir chinita la piel y para conectar con tus emociones un ratito en lo que el mundo rueda, déjame tu email y recibe textos cada mes.

VISITAR OTRA PÁGINA

Trending