Tú y yo tenemos una forma muy peculiar de parar el tiempo, lo hemos hecho desde que llegaste a este mundo, algo tan nuestro desde el principio. No invitamos a nadie, somos celosos de este momento compartido donde logramos que el reloj deje de correr, y logramos sentir una paz que nos envuelve en medio de tanta realidad. Tú conmigo y yo con contigo, la belleza de la quietud mi niño. 

Tu respiración, tranquila, rítmica, profunda. Vas cerrando tus ojos y yo los míos. Te envuelvo con mi cuerpo mientras tus pequeñas manos rozan mi cara, mi cuello, mi hombro, tus deditos suaves encuentran en mi piel la ternura y el calor de mamá. 

Te acurrucas. Todo está en paz. Detuvimos el tiempo una vez más.

Entre tus tragos continuos de leche templada, con nuestros ojos cerrados, nos resguardamos en mi cama, y alcanzo a escuchar tu corazón latiendo. Ése mismo latido que me dejó enamorada desde el primer ultrasonido en los inicios del embarazo, donde me comía la ansiedad de saber si estabas vivo. Recuerdo que tú papá y yo nos tomamos las manos, mientras veíamos al doctor preparar el aparato. Ya lo sabes; prender el ultrasonido, tomar el cabezal de ondas sonoras, esparcirme gel frío y translúcido, presión firme en mi abdomen para encontrarte en mi útero ilusionado… unos momentos de silencio y de repente, ahí estabas… un latido. 

¿Cuántas veces más ha retumbado tu bendito latido en mis tímpanos desde aquel día? No podría saberlo, cientos seguramente. Ése mismo latido, la misma carne, la misma paz. Refugiados en ésta cama volvemos a conectarnos; así como al principio, cuando vivías dentro de mí. 

Intento absorberlo todo, cada detalle que nos rodea; el olor de tu cuello, el sonido de tus tragos, tu respiración, la pulsación de tu latido, mi postura, tus manos, tus caricias, tu calma, todo. No quiero perderme nada, quiero taladrarlo en el fondo de mi cerebro, guardarlo por siempre. Me exijo, “no lo olvides Rocío, por favor no lo olvides”. Recordar este momento fielmente para tener un atisbo de calma y paz cuando quiera parar el tiempo, aunque sea yo sola y ya no contigo. ¿Cuántas siestas más me quedan para abrazarte y sentirte de esta manera?

Me da miedo pensar que estos días tienen un final, un ‘ya no más’, un ‘mamá déjame dormir, no me abraces’, tu inevitable independencia. Que terror no poder volver el tiempo atrás a donde el reloj no corría, y sólo importaba la conexión que creábamos recostados y refugiados en ésta cama. Una cama que nos ha sostenido desde antes de tu nacimiento ¿lo sabías?

Recuerdo haber estado hablándote todas las noches, haciendo caricias a mi abdomen abultado como si el amor pudiera atravesar mi piel y te llegaran directo a ti, mis manos, mis cariños; seguro sí lo sentías, lo sé. Ahora en esta misma cama sigo acunándote con mi cuerpo, sin embargo algo muy importante ha cambiado desde entonces, por que las caricias que te di a través de mi piel, tejidos, músculo, líquidos, sangre, ésas mismas caricias me las regresas tú ahora, aquí en este momento; rozando mi hombro para asegurarte de que no me voy, de que mamá está aquí y aquí se queda.

Envueltos en nuestro propio capullo la realidad acecha alrededor, tan sólo escuchar el sonido de los resortes al movernos de más sobre la cama, me saca de mi trance, odio ése sonido, el rechinar de esos resortes metidos entre espuma y tela, odio que me recuerden que el tiempo no se ha parado, que el mundo sigue girando, que en cualquier minuto se terminará tronando nuestra burbuja perfecta de calma. 

Tus sonidos; tus sonidos y la paz, eso es lo que más quiero recordar de este momento. Mis oídos ahora son lo más preciado de mi cuerpo, van a permitirme calar en mis recuerdos este armónico instante. Mira lo que son las cosas mi niño, hoy mis oídos me permiten guardar este tesoro, y no sé si lo sepas pero, estos mismos oídos durante mi niñez sufrieron de obstrucciones e infecciones que corrían desde mi garganta, mi fastidiosa garganta. Una infección finalmente tomó fuerza y casi me deja sorda de un oído, el derecho. Durante dos años tuvimos que  cuidarlo; tu abuela y yo diligentemente cumplíamos las indicaciones de los doctores para no perder mi audicón. Y cuánto me alegro de haber tenido una madre asegurándose que durante 365 días tapara mi oído correctamente con algodón y vaselina al bañarme, para que ni una gota de agua entrara a mi canal auditivo y estropeara el avance que teníamos. 

Todo valió la pena, ahora puedo escucharte, cerrar mis ojos y oír nuestra paz, acurrucarme contigo y simplemente escuchar que paramos el tiempo con nuestros latidos. Recuérdame darle las gracias a tu abuela, una vez más me doy cuenta de lo afortunada que somos al tenerla cerca.

Sin pensarlo ya pasaron 2 horas, lo sé por que escucho que nuestra vecina Pau va abriendo la puerta de la entrada a su departamento, siempre llega a la misma hora. Alcanzo a escuchar a Mamba su perra dando vueltas con emoción y recibiéndola en la entrada. La siesta casi termina.

Debo respirar tranquilamente, no moverme; concentrarme de nuevo en la quietud del momento para absorber los últimos minutos de nuestro arrullo. No lo logro, demasiada realidad ha penetrado mi capullo, y a ti te comienza a picar la cama. Tu respiración cambia, vas estirando tus brazos, tus piernas, das vuelta con tu propio cuerpo; te separas de mí. Así termina de reventarse la quietud que nos envolvía. 

Abres tus ojos y volteas a verme, me regalas un bostezo y una sonrisa después. Ahora me doy cuenta de que la paz que sentí segundos antes mutó para transformarse en ésa sonrisa tuya, la misma que buscaré a lo largo del día para sentirme nuevamente en calma. Comienza la realidad y el mundo se pone en marcha otra vez, sin percatarse de la hazaña que acabamos de finalizar. La siesta terminó.

5 respuestas a “La siesta”

  1. Avatar de Ana Rosa Gómez
    Ana Rosa Gómez

    Mi niña hermosa bendigo tu vida, bendigo el poder tenerlos en mi vida , no sabes cuantas GRACIAS le doy a Diosito por darme la oportunidad de ser la abuela de ese hermoso Cariño mi Leito ❤️. LOS AMO MI NIÑA ❤️❤️❤️

    Gracias a Dios estás bien de tu oído 🙏🙏

    Escribes tan bonito, que siento cada palabra ❤️❤️❤️❤️

    Le gusta a 1 persona

  2. Momentos únicos que nunca pasan desapercibidos por que su compañía es una bendición y la sonrisa del corazón y del alma para todos los que lo rodean.

    Me gusta

    1. No lo pudiste haber dicho mejor

      Le gusta a 1 persona

Conecta conmigo en

Replica a rociotrugo Cancelar la respuesta

Si te gusta leer para sentir chinita la piel y para conectar con tus emociones un ratito en lo que el mundo rueda, déjame tu email y recibe textos cada mes.

VISITAR OTRA PÁGINA

Trending